26/11/201310:38:40 a.m.

Gracias Y Adios Al Idealista Impenitente
El sábado a la tarde, antes de que la brisa de Playa Unión helara el aire, Marcelo Ygnacio Bravo se apagó lentamente, con la tranquilidad de los hombres que han vivido incendiados en la pasión de sus ideales. El Editor de esta Agencia de Noticias era, además de “El Negro”, un “peleador impenitente” como le gustaba definirse. Su simpatía y la calidez con que trataba a muchos, sobre todo a los más postergados, lo ayudó a formar a su manera una familia y un círculo de afectos que lo acompañó y lo contuvo en los breves días antes de la despedida final. Sus lectores, los que cada mañana leían y discutían en Rawsonline lo impulsaron a escribir hasta el final, para que aquí las noticias nunca palidecieran.

“¿Sabés? Si un día no estoy cerca, si alguna vez me muero, buscame donde haya agua corriendo, girando, murmurando, diciendo nadie sabe qué cosas, ni desde cuándo. Vas a ver que siempre voy a estar ahí, atrás del viento” le dijo alguna vez a quien escribe. Allí lo encontraremos aquellos que lo quisimos y saboreamos sus charlas, su sonrisa, su ironía y sus consejos.

Es difícil describirlo, mucho más después de leer el afecto y el respeto con que lo despidieron sus colegas y sus lectores. Marcelo se definía como un “peleador impenitente”, que escribía “con el brutalístico estilo de los acostumbrados a perseguir imposibles”.

Contaba que “aprendí a escribir y a leer muy temprano. Viví a mitades, entre el lomo de los libros y el olor de los últimos caballos que tiraban de los últimos arados, mientras una nube de gaviotas los seguía”.

"Creí una vez que los hombres eran iguales, si se les permitía serlo. Y que había libros que decían el cómo. Y armas para hacer el cuándo. No necesito contar como fue que terminó esa historia", me dijo.

El Negro fue un gran periodista, pero sobre todo fue un hombre de códigos, de ideas firmes que lo llevaron más de una vez a enfrentarse con esos a los que nadie se atreve a mirar a los ojos. Fue también un gran conversador, un amante del Racin´Clú, un arquero destacado de su Olaeta natal donde lo llamaban “El Negro Alma” y un abuelo del corazón.

A quienes compartimos sus horas, nos queda la inteligencia, el comentario rápido y ácido, los consejos, los cafés. Queda para sus lectores, que aún siguen visitando esta página, una muestra más de su generosidad transformada en un texto que alguna vez escribió:



Escribo corto. Siempre escribo corto.

Costumbre de escritor callejero, de esos que hacen cosas por encargo.

Más precisión que belleza encontrarán los que pasen esta puerta.

Cuento sucesos y -de vez en cuando- describo velozmente la hermosura, que suele crecer en todas partes.

Mis palabras silban como un hacha, o cortan como un cuchillo.

Brillan al sol, cuando tengo tiempo de pulir lo que les sobra, es decir las manchas y el herrumbre de la vida.

Los poetas son tranquilos y sencillos; los novelistas, serios y prolijos.

Yo soy la antítesis. El relámpago que llega sin aviso. Ese que, cuando se advierte, ya no está.

Una palabra que cae como una piedra en el silencio.





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